martes, 20 de abril de 2010

Capuccino y cornetto

Esta es la última noche antes de volver a casa, la noche de las despedidas, la que nunca te gusta nada. Y aquí me veo en Salerno, una ciudad calurosa y húmeda del sur de Italia, aprisionada en una bahía entre las montañas y el mar. 'Mai sentita' en España, como se diría en italiano. Al menos ahora mismo no hace tanto calor, porque sólo quedan un par de horas para que salga el sol. Así que me pido un capuccino y un cornetto (algo así como un croissant pequeño y relleno de crema o mermelada), y mientras los demás están fuera, apurando la última hora de la noche y charlando en inglés, me pongo a pensar.

Y pienso la gran casualidad que ha sido poder estar aquí, en la ciudad natal de mi única amiga italiana desde hace años; haber recorrido la costa amalfitana en bus, visitando Maiori, Amalfi y Capri bordeando la ladera de la montaña. Porque definitivamente estos últimos días han sido eso: playa, sol, vespas y bocadillos de prosciuto y mozzarella. Días y días en los que hemos alternado noches de discoteca en la playa y pizzas en pueblos diminutos, en los que hemos pasado por cascadas naturales y playas increíbles ...

Por otra parte, mis compañeros de viaje tampoco son, lo que se diría, convencionales; rara vez se puede coincidir con gente tan creativa y fuera de lo común como Saskya, Gocce, Natalia, Viktoria, Zsanett o Vincenzo. Y también está Eva. La conocí hace tres semanas en una cena, y como única española del viaje, no me ha decepcionado: ha sido siempre la primera en salir de fiesta y la última en irse a dormir. La cómplice a la hora de cantar canciones en español y monopolizar la guitarra y las noches en la playa.

Ya acabo mi café, mi corneto (me sacudo un poco el azucar de la barba), y me levanto para salir a la calle. Es la última noche de mi primera Summer University.
Y creo que sólo por este momento, en el que me doy cuenta de todo lo que he vivido, ha merecido la pena.

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